Lincoln Díaz-Balart, junto con otros congresistas cubanoamericanos, dedicó incansables esfuerzos para que la causa de una Cuba libre no fuera ignorada en el Congreso de los Estados Unidos. Esta lucha ha sido un pilar fundamental en la defensa de los derechos del pueblo cubano.
El congresista Díaz-Balart era hijo de Rafael Díaz-Balart, quien fue un gran amigo de mi padre, Huber Matos. Aunque en su juventud recorrieron caminos políticos muy distintos, ambos supieron forjar una relación de respeto mutuo y, sobre todo, colaborar en iniciativas de unidad entre los cubanos.
El Acuerdo por la Democracia en Cuba, firmado el 20 de febrero de 1998 por diversas organizaciones opositoras del exilio y de la isla, tuvo como principales autores a Rafael Díaz-Balart y Huber Matos.
Lincoln, por su parte, siempre mantuvo las puertas de su oficina abiertas y brindó su apoyo incondicional a nuestra organización, Cuba Independiente y Democrática, en todo lo que estuvo a su alcance.
En varias ocasiones, cuando intentábamos resolver una gestión relacionada con nuestra lucha —algo que quizás se demoraba demasiado, como suele ocurrir con la burocracia—, decíamos con confianza: “Vamos a la oficina de Lincoln, que es un amigo”. Nunca fuimos defraudados.
Descansa en paz, amigo y patriota. Que Dios te tenga en Su gloria. Siempre te recordaremos como un luchador incansable y un aliado sincero, con tu amable sonrisa y tu palabra clara.
Rogelio Matos Araluce
Secretario General de Cuba Independiente y Democrática (CID)
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