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Nuestra Historia 2018-01-11T20:23:52+00:00

Declaración de Caracas

En Octubre de 1980 se fundó el CID en Venezuela con el apoyo del gobierno de ese país y de sus dos grandes partidos políticos: Acción Democrática (social demócratas) y COPEY (demócrata cristianos).

Al congreso asistieron cientos de cubanos y venezolanos quienes aprobaron La Declaración de Caracas en que la organización se compromete a: “luchar por el establecimiento en nuestra patria de una sociedad consagrada a la libertad y la dignidad humana, totalmente democrática y soberana, socialmente equilibrada y justa”.

El Comandante Huber Matos fue elegido Secretario General de la organización.

Cuba Independiente y Democrática (CID) se ha constituído para luchar por el establecimiento en nuestra patria de una sociedad consagrada a la libertad y la dignidad humana, totalmente democrática y soberana, socialmente equilibrada y justa. Inspirados en el patriótico ejemplo de los forjadores de nuestra nacionalidad, defendemos el derecho inalienable de Cuba a conquistar para siempre su soberanía e independencia.

Nuestro objetivo inmediato hacia la consecución de ese ideal es acelerar el derrumbe de la autocracia totalitaria implantada en Cuba, desprestigiada y en quiebra, como consecuencia de su incapacidad, su entreguismo y sus crímenes.

Nuestro pueblo sabe que el proceso de libertad y justicia social iniciado al principio de la revolución ha sido truncado y deformado por la tiranía brutal. Al convertir la isla en una dependencia colonial de la Unión Soviética, Fidel Castro frustró el nacimiento de la sociedad humanista, democrática y justa que la revolución había prometido.

En su lugar se creó el monstruo económico-político de la autocracia castrocomunista, que reúne en sí todas las instancias del poder y es manejada servilmente por un lacayo del los intereses colonialistas de la Unión Soviética.

Como resultado de su estoica y permanente resistencia, el pueblo de Cuba recibe hoy el respaldo de un creciente movimiento de solidaridad mundial. La verdad finalmente ha surgido a la luz.

La resistencia activa y pasiva del pueblo cubano está presente en la fábrica, en el taller, en la escuela, en el transporte, en el campo, en todas partes, agravando cada día más el caos y la bancarrota del sistema imperante.

Ante el gigantesco fracaso económico, ante el descontento de un pueblo hambreado y ultrajado, ante la desintegración de la familia, ante la falta de vivienda, ante todos los problemas creados por su propia existencia, la tiranía no ofrece más solución que aumentar la represión. El desenlace final es inevitable. Lentamente, paso a paso, la dictadura marcha hacia el abismo.

Los factores que decidirán el empujón final están dentro de Cuba. Los cubanos del destierro se movilizan para apoyar resueltamente estas fuerzas internas, decididos a impedir la repetición en nuestro suelo de las tragedias de Hungría y Checoeslovaquia.

Cuba Independiente y Democrática aspira a ser el instrumento de lucha de un pueblo, generoso y valiente, que se niega a vivir de rodillas y se apresta para la gran batalla por sus derechos y por la independencia de la patria.