HUBER MATOS Y EL GRITO DE YARA

Por |2025-10-11T08:19:07-06:0011 octubre, 2025|Historia, Huber Matos|Sin comentarios

 

El 10 de octubre de 1868, en su ingenio La Demajagua, cercano a Manzanillo, el patriota Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos y los llamó a empuñar las armas por la independencia de Cuba. Ese acto heroico marcó el inicio de las guerras de independencia y encendió la llama de la libertad en toda la isla. Céspedes, proclamado más tarde Padre de la Patria, encabezó una gesta que dio origen al sentimiento nacional cubano y al ideal de una patria libre y soberana.

Al día siguiente, Céspedes y sus hombres marcharon hacia Yara, donde los mambises libraron el primer combate de la Guerra de los Diez Años. Aunque el enfrentamiento fue adverso para los insurrectos, su significado trascendió lo militar: desde entonces, el nombre de Yara quedó grabado como símbolo del nacimiento de la nación cubana y del compromiso eterno con la libertad.

Cincuenta años después, en esa misma tierra oriental donde comenzó la primera guerra por la independencia, nació Huber Matos, en el pueblo de Yara, provincia de Oriente. Creció entre los ecos de la historia, inspirado por el ejemplo de Céspedes y por la memoria del primer combate por la libertad de Cuba. Desde joven, asumió el legado de aquellos valientes con la convicción de que la independencia no se hereda: se defiende con sacrificio. Con razón el patriota y escritor Carlos Alberto Montaner llamó a Huber Matos “el último de los mambises”.

En 1959, tras haber sido un heroico comandante de la Revolución Cubana, Huber Matos se convirtió en símbolo de la resistencia moral y política ante la traición de los ideales por los que se había luchado. Al denunciar la instauración de una dictadura comunista en lugar de una república democrática, fue condenado a 20 años de prisión, los cuales cumplió íntegramente sin claudicar jamás en sus principios ni en su fe en Cuba.

El nombre de Yara, donde comenzó la independencia, está unido al de Huber Matos, que dedicó su vida a continuar aquella misma causa de libertad y dignidad nacional. Entre Céspedes y Matos se tiende un mismo hilo histórico y moral: el deber sagrado de no aceptar la tiranía, venga de donde venga. Ambos encarnan la verdadera herencia del Grito de Yara: la certeza de que Cuba solo será libre cuando pertenezca a todos los cubanos y no a un régimen opresor.

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