
El dictador que nunca se fue ha tenido que volver
Durante semanas, los cubanos comentaron en voz baja lo que muchos querían creer: que Raúl Castro había muerto. En medio del hambre, la inflación, los apagones y la desesperanza, la noticia se difundió como un suspiro colectivo de alivio. En cada esquina y en cada casa se hablaba de ello con cautela, como quien protege una ilusión demasiado frágil. Por primera vez en mucho tiempo, el pueblo sintió que algo podría cambiar.
Pero el poder, debilitado y temeroso, no podía permitir que la esperanza creciera. Ante el descontento generalizado y el desplome de la credibilidad del gobierno, decidieron sacar del silencio al general sin batallas Raúl Castro, mostrarlo vivo, consciente y todavía al mando. Así surgió la campaña digital “Raúl es Raúl”, impulsada por los medios oficiales y sus operadores en redes sociales para simular fortaleza en medio del colapso político y económico.
Un regreso calculado
El 16 de octubre de 2025, Raúl Castro reapareció públicamente en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), presidiendo una sesión del Consejo de Defensa Nacional. No fue presentado como “expresidente” ni como “líder histórico”, sino, según la nota oficial, como “jefe al frente de la Revolución”. A su derecha, Miguel Díaz-Canel, reducido a simple acompañante; detrás, los altos mandos militares y su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”, símbolo del control familiar sobre el aparato de seguridad del Estado.
La imagen tuvo un propósito claro: mostrar al pueblo quién sigue mandando realmente. Sin embargo, el hecho violó abiertamente el artículo 219 de la constitución castrista, que establece que el presidente de la República —en este caso Díaz-Canel— debe presidir el Consejo de Defensa Nacional. La escena demostró lo que todos saben: Raúl Castro nunca se retiró. Desde su escondite ha dirigido a los mismos títeres que se presentan como dirigentes, controlando cada decisión de Estado a través de su círculo militar y económico.
Díaz-Canel: el rostro del descrédito
La figura de Miguel Díaz-Canel está completamente desprestigiada. El pueblo lo identifica con la crisis, el hambre y la mentira. Su gestión ha dejado al país en ruinas: la economía colapsada, los servicios destruidos y el pueblo sin esperanza. Lejos de reconocer esta realidad, el mandatario insiste en mensajes optimistas y falsos, prometiendo logros inexistentes y ocultando la miseria general. Cada discurso suyo es una negación del sufrimiento nacional y una prueba de que el castrismo ha perdido incluso la capacidad de mentir con eficacia. Ante esta pérdida total de credibilidad, el régimen recurrió a su viejo recurso: Raúl Castro como figura de autoridad. Su reaparición fue una maniobra de emergencia, no de poder; un intento de detener el derrumbe político con la presencia del anciano dictador que nunca soltó el timón.
El miedo al colapso y la sombra de Venezuela
La maniobra también refleja el temor profundo al colapso del régimen de Nicolás Maduro. En toda Cuba se sigue con esperanza cada signo de cambio en Venezuela, porque si Caracas deja de ser el proveedor del petróleo y los recursos que sostienen al sistema cubano, la estructura estatal entera entraría en una crisis terminal.
El régimen lo sabe, y por eso intenta proyectar fuerza y continuidad: Raúl debía volver para evitar que el miedo se convierta en desbandada. Pero el resultado ha sido el contrario: su aparición confirmó que el sistema se tambalea, que los relevos no funcionan y que el castrismo se ha quedado sin máscaras.
El símbolo del agotamiento
La reaparición de Raúl Castro no simboliza autoridad, sino miedo. El régimen ha tenido que recurrir a su viejo caudillo para frenar el desmoronamiento de la confianza interna. El título de “jefe al frente de la Revolución” fue un mensaje a los mandos militares: la línea de poder no ha cambiado y el ejército sigue siendo el verdadero gobierno.
Pero el pueblo, cansado y humillado, ha leído esa escena de otra manera. Ha visto a un régimen viejo, agotado y sin futuro, que necesita revivir fantasmas para sobrevivir un día más. La resurrección del dictador no inspira fuerza: confirma la decadencia final del sistema que él mismo creó. Hoy Cuba no necesita que Raúl vuelva: necesita que se vaya toda la estructura que él representa.
El dictador que nunca se fue ha tenido que volver.
Y con su regreso, ha mostrado que el castrismo ya no gobierna: solo resiste.
Por la Comisión Política del CID
La Habana, 18 de octubre de 2025
Te esperamos en Instagram: cuba.cid


Deja tu comentario