Laura Pollán Toledo (1948-2011) fue una maestra cubana que se transformó en una de las figuras más heroicas de la resistencia pacífica contra la dictadura. Con la fuerza moral de una mujer común que decidió no callar, dirigió el movimiento Damas de Blanco, símbolo universal de dignidad frente al miedo. Su lucha comenzó tras la Primavera Negra de 2003, cuando su esposo, el periodista Héctor Maseda, fue encarcelado junto a decenas de opositores. A partir de entonces, Laura cambió el aula por las calles, la tiza por el gladiolo, y la palabra por el ejemplo.
Cada domingo, vestida de blanco y rodeada de mujeres que compartían su dolor y su fe en la libertad, marchaba por la Quinta Avenida de La Habana tras la misa en Santa Rita. Su figura menuda enfrentaba el odio organizado del régimen con una serenidad que desarmaba a sus agresores. En cada flor que levantaba había una afirmación de vida frente a la violencia del poder.
El gobierno la hostigó, la golpeó y la difamó, pero nunca logró quebrar su espíritu. Su casa se convirtió en trinchera de dignidad y refugio de esperanza para las Damas de Blanco, perseguidas por exigir justicia con flores en las manos.
Laura Pollán murió en La Habana el 14 de octubre de 2011, en circunstancias oscuras, dejando tras de sí una huella indeleble. Su muerte no fue el fin, sino el comienzo de su leyenda: la de una mujer que desafió a una dictadura sin más armas que su fe, su amor y su valor.
Hoy, su hija Laura Labrada Pollán continúa su legado como presidenta del Partido Cuba Independiente y Democrática (CID) y dirigente de las Damas de Blanco, manteniendo viva la llama de la libertad por la que su madre entregó la vida. En la memoria del pueblo cubano, el nombre de Laura Pollán resplandece como el de una verdadera heroína de la patria.
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