
Por Infocid
Irán atraviesa uno de los momentos de mayor tensión social de los últimos años, tras una nueva ola de protestas desencadenada por el agravamiento de la crisis económica. El 29 y 30 de diciembre de 2025, manifestaciones significativas estallaron en Teherán, Isfahán, Shiraz, Mashhad, Tabriz y Ahvaz, luego de que el rial iraní alcanzara mínimos históricos en el mercado informal, superando el umbral simbólico de un millón de riales por dólar. La devaluación aceleró una inflación ya descontrolada, elevando drásticamente los precios de alimentos, combustible y bienes básicos.
Uno de los elementos más relevantes de estas protestas fue la participación de comerciantes y pequeños empresarios, especialmente en zonas emblemáticas como el Gran Bazar de Teherán. Cientos de locatarios cerraron sus negocios y se manifestaron en calles como Saadi, en el centro de la capital, y en el barrio de Shush, adyacente al bazar. Este sector tiene un peso histórico decisivo en Irán: los comerciantes del bazar desempeñaron un papel crucial en la Revolución Islámica de 1979, que derrocó a la monarquía e impulsó a los islamistas al poder. Su movilización actual es interpretada por analistas como una señal de alarma profunda para el régimen.
La crisis tuvo consecuencias políticas inmediatas. Mohammad Reza Farzin, jefe del Banco Central de Irán, presentó su renuncia el lunes, en pleno estallido de las protestas. La dimisión, reportada por la televisión estatal, evidenció las tensiones internas generadas por el colapso monetario y la incapacidad del Gobierno para estabilizar la economía. Aunque las autoridades intentaron presentar la renuncia como un ajuste técnico, para muchos observadores se trató de un reconocimiento implícito del fracaso de la política económica.
La reacción del régimen en las calles fue rápida y predecible. Las fuerzas de seguridad desplegaron policía antidisturbios, utilizaron gases lacrimógenos, realizaron detenciones selectivas y reforzaron los controles en zonas céntricas. Paralelamente, se restringió el acceso a redes sociales y plataformas de mensajería para dificultar la coordinación de las protestas. El discurso oficial culpó a factores externos, sanciones internacionales y supuestos especuladores, evitando asumir responsabilidades estructurales.
Los acontecimientos de diciembre no son un hecho aislado, sino el punto culminante de un año marcado por protestas sectoriales y sociales. A lo largo de 2025, panaderos, agricultores, trabajadores, jubilados y empleados públicos se movilizaron repetidamente por el aumento de costos, la escasez de agua y electricidad, salarios impagos y pensiones erosionadas por la inflación.
En conjunto, la ola de diciembre confirma que Irán enfrenta una inestabilidad social persistente. El control represivo permite al régimen contener momentáneamente las calles, pero no resuelve las causas profundas del descontento. A medida que la economía continúa deteriorándose, el poder se ve obligado a gobernar cada vez más mediante la coerción, en un contexto de creciente fragilidad interna.

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