
Suele presentarse la justicia en la forma de una joven con una balanza en una mano
y una espada en la otra, y los ojos vendados. La figura femenina vendada (madre por
naturaleza) simboliza por un lado la decisión imparcial de quien no ve a quien va a justiciar y,
por otro lado, la espada lista para truncar la vida del reo culpable.
¿Simboliza esa imagen realmente la realidad histórica de la humanidad? ¿No se han
cometido injusticias y condenado a inocentes por falta de pruebas o por razones ocultas que
han guiado el sable de la doncella?
La historia no se escribe con páginas blancas, decía Hegel y la justicia tampoco se
escribe sin sangre de inocentes, víctimas de sus ideales o del odio enemigo. Incluso
también víctimas de la indiferencia de quienes creen que, con lavarse las manos evitan la
complicidad de un crimen contra un inocente. Poncio Pilato dio el ejemplo a quienes piensan
escapar al juicio de la historia, simplemente con lavarse las manos.
Las historias de los justos víctimas de una injusticia en nombre de la justicia llenan
las páginas de nuestra América Latina. Los Poncio Pilato de la era moderna son los
dictadores que, guiando la espada y quitando la máscara, utilizan todos los instrumentos
jurídicos para eliminar a sus enemigos. Desde el juicio histórico del comandante Huber Matos, víctima inocente del circo judicial, organizado por el poder dictatorial de Fidel Castro, convertido en fiscal, juez y
verdugo al mismo tiempo, hasta los recientes juicios del sátrapa Maduro.
Porque Venezuela, está en manos de una mafia de traficantes de droga, y se ha
convertido en una inmensa jaula donde los tribunales, el ejército, la policía, son los verdugos
de una población prisionera de Padrino López y la casta de generales que se enriquecen del
petróleo de los venezolanos.
¿Y Colombia? ¿Tan cerca del títere venezolano y los tiranos castristas que mueven
los hilos en toda América Latina? ¿Qué sucede en Colombia?
El presidente Petro (como su aliado Maduro) trata de transformar la democracia
colombiana en otra Venezuela. Poco a poco, con la lentitud de la serpiente y siguiendo el
paradigma de las dictaduras de izquierda creado por Fidel Castro, el autoritario exguerrillero
ya ha conseguido maniatar la justicia, con el silencio de los Poncio Pilato.
¿Su víctima? El expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuya palabra e ideas, quien con
sus 73 años, representa la lucha de la democracia y la verdad contra Petro, en su afán de
transformar Colombia, con la ayuda de su vecino Maduro y las fuerzas ocultas de los
traficantes del “Cartel de los Soles”.
La justicia en Colombia se ha quitado la máscara y su encarnación humana,
precisamente una mujer, trata de callar a quien hoy en día le da al pueblo colombiano la
fuerza y la esperanza de recuperar la democracia. Mientras el presidente Petro sienta en su
mesa a los asesinos terroristas, la jueza Sandra Liliana Heredia rechaza las pruebas de
inocencia en favor de Uribe.
Desde Caracas han dado la orden de callar a quien fue uno de los primeros en
denunciar a los traficantes comunistas venezolanos. Uribe estorba, tal vez, incluso a los
comerciantes del petróleo que tratan por todos los medios de sostener una dictadura
moribunda, cada vez más débil y cada día más feroz.
¿Por qué Petro-Maduro quieren silenciar a Uribe? Por venganza y porque el
infatigable líder colombiano quiere presentar su candidatura al Senado, lo cual le daría una
visibilidad y un púlpito desde el cual, Uribe podría desenmascarar oficialmente las
maniobras de Petro para descuartizar la democracia colombiana.
Por eso y mucho más, Cuba Independiente y Democrática (CID) no podía permanecer en
silencio ante la injusticia que se está cometiendo con Álvaro Uribe.
¡El CID no se lavará las manos porque su historia no se lo permite!


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