UN DÍA COMO HOY — 10 DE OCTUBRE DE 1868
El 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua, cerca de Manzanillo, Carlos Manuel de Céspedes encabezó el levantamiento que dio comienzo a la Guerra de los Diez Años y abrió una nueva etapa en la historia de Cuba.
La conspiración independentista llevaba meses organizándose. Entre sus principales participantes figuraban Francisco Vicente Aguilera, Bartolomé Masó y Perucho Figueredo. Sin embargo, el peligro de que los preparativos fueran descubiertos por las autoridades españolas precipitó el levantamiento.
Aquella mañana, Céspedes reunió a los patriotas, proclamó la independencia de Cuba y dio a conocer el Manifiesto del 10 de Octubre, en el que expuso las razones de la insurrección y los principios políticos que defendían los revolucionarios.
En un acto de profundo significado, concedió la libertad a los esclavos de su propiedad y los invitó a incorporarse voluntariamente a la lucha. La independencia y la abolición de la esclavitud quedaron vinculadas desde el nacimiento del movimiento revolucionario, aunque la emancipación general no se produjo aquel día.
YARA: EL PRIMER COMBATE
Al día siguiente, 11 de octubre, los insurrectos marcharon hacia el poblado de Yara. Al anochecer, bajo una intensa lluvia, se enfrentaron a las tropas españolas atrincheradas en dos establecimientos situados en el extremo norte de la Plaza Real Española.
Los patriotas fueron rechazados y dispersados. Sin embargo, aquella derrota inicial no puso fin al levantamiento. El enfrentamiento contribuyó a que la insurrección iniciada en La Demajagua pasara a la historia con el nombre de Grito de Yara.
La guerra se extendió por el oriente cubano y posteriormente a otras regiones de la Isla. Durante diez años, miles de cubanos combatieron por la independencia y contra el dominio colonial español.
HATUEY: LA RESISTENCIA INDÍGENA EN YARA
Pero Yara ya estaba vinculada a la resistencia contra la conquista española mucho antes del levantamiento de Céspedes.
En 1512, el cacique taíno Hatuey, procedente de La Española, fue capturado y condenado a morir en la hoguera por encabezar la resistencia indígena contra los conquistadores españoles.
Hatuey había llegado a Cuba para advertir a sus habitantes de la violencia que acompañaba a la conquista. Cuando Diego Velázquez inició la ocupación de la Isla, organizó grupos de indígenas que combatieron a los invasores, pese a la enorme desigualdad de armamento.
Según relató fray Bartolomé de las Casas, antes de morir un religioso le ofreció la posibilidad de convertirse al cristianismo para alcanzar el cielo. Hatuey preguntó si los españoles también iban al cielo. Cuando le respondieron afirmativamente, rechazó aquella posibilidad porque no quería encontrarse nuevamente con quienes habían perseguido a su pueblo.
La tradición histórica sitúa su ejecución en Yara, donde un monumento recuerda su sacrificio, a la izquierda de la iglesia, junto al parque Carlos Manuel de Céspedes.
Así, aquella pequeña población del oriente cubano quedó vinculada a dos acontecimientos separados por más de tres siglos y medio: la resistencia indígena contra la conquista y el primer combate de la guerra por la independencia de Cuba.
DE CÉSPEDES A HUBER MATOS: LA ANTORCHA DE LA LIBERTAD
Carlos Manuel de Céspedes no llegaría a ver realizada la independencia. Murió el 27 de febrero de 1874, perseguido por las tropas españolas, en San Lorenzo, en la Sierra Maestra.
La Guerra de los Diez Años terminó en 1878 sin alcanzar su objetivo principal, pero dejó una generación de combatientes y una aspiración nacional que continuaría hasta la instauración de la República en 1902.
En el lugar donde se libró el primer combate de aquella guerra se levantaría posteriormente el parque Carlos Manuel de Céspedes, en el corazón de Yara.
La estatua del Padre de la Patria miraría hacia la casa donde, décadas después, viviría Huber Matos, quien participaría en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y llegaría a ser comandante del Ejército Rebelde.
Tras el triunfo revolucionario de 1959, Huber Matos denunció lo que consideraba una traición de Fidel Castro a los postulados democráticos de la Revolución cubana y se opuso a la creciente influencia comunista en el nuevo gobierno. Por sus discrepancias políticas fue arrestado, juzgado y condenado a veinte años de prisión, que cumplió íntegramente.
Vista desde la perspectiva de la historia, aquella cercanía entre la estatua de Céspedes y la casa de Huber Matos parece encerrar un profundo simbolismo: como si el Padre de la Patria, desde su pedestal, le entregara la antorcha de la libertad a otra generación de cubanos, transmitiéndole el compromiso de continuar la lucha por una Cuba libre, independiente y democrática.
Desde la resistencia de Hatuey hasta el levantamiento de Céspedes y las luchas del siglo XX, Yara quedó vinculada a distintos momentos de la historia de Cuba y a hombres que, en circunstancias muy diferentes, se enfrentaron al poder establecido.
La libertad se conquista. La República se construye.

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