
Por Yunia Figueredo
Cuando se creía que era imposible mayor desprotección para el pueblo cubano, el régimen lo vuelve a hacer: igual que sucedió durante la pandemia, que en momentos cruciales de la supervivencia ciudadana implantó la Tarea Ordenamiento que hundió aún más al pueblo. Ahora, ante el inminente azote de un monstruoso huracán, anunció un nuevo paquetes de medidas que arruinar todavía más a “los pobres de la tierra”.
Escudado en el eufemismo: “Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía nacional”, la dictadura implementará un extenso plan de 90 páginas, que promete “recuperar gradualmente la economía”, pero que, según expertos y ciudadanos, introduce nuevas medidas impopulares que afectarán directamente a la población.
El documento, publicado por la Presidencia de Cuba, platea diez objetivos generales, más de cien metas específicas y más de 300 acciones de política económica. Este nuevo plan insiste en avanzar en la llamada “estabilización macroeconómica”, otro eufemismo de la era del defenestrado ministro de economía Alejandro Gil.
Reducir subsidios y ajustar precios básicos, son algunas de las esencias del nuevo plan, que menciona “la necesidad de controlar el exceso de dinero en circulación”, una medida que según economistas independientes puede traducirse en una reducción del poder adquisitivo del peso cubano y un mayor impulso a la dolarización.
Entre los puntos más polémicos del programa se cuentan: el aumento de las tarifas eléctricas y el agua, la subida del precio del combustible y productos vendidos en tiendas en Moneda Libremente Convertible, la introducción del IVA, que encarecería productos y servicios esenciales, el incremento en peajes en carreteras y el costo del transporte público y la militarización del control civil, reforzando el papel del ejército y la Seguridad del Estado en la supervisión de la economía.
Según el régimen estas acciones forman parte de una “estrategia integral” para fortalecer la producción nacional, modernizar el aparato estatal y mejorar la eficiencia del sistema socialista, sin embargo el texto no detalla fuentes de financiamiento, plazos de ejecución ni mecanismos concretos para detener la inflación o el desorden actual, lo que bien pudiera intuirse que es otro documento más de letra muerta, de los tantos que cada cierto tiempo implementan sin resultados.
El lanzamiento de este programa en medio de una emergencia climática, pudiera interpretarse ciertamente como un acto de “oportunismo político”. Con todos los medios de comunicación concentrados en el seguimiento del huracán y la población viviendo el “sálvense quien pueda” de cada día, el régimen castrista pone una vez más a los cubanos en el filo de la navaja y da otra vuelta de tuerca contra la vida de los cubanos.


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