QUEREMOS UNA IGLESIA CATÓLICA COMO LAS DE NICARAGUA Y VENEZUELA

Por |2021-07-24T11:31:53-06:0024 julio, 2021|La Nueva República, Opinión|Sin comentarios

Fernando Gálvez , Alberto Reyes, Jorge Luis Pérez

La Iglesia Católica en Cuba se enfrentó al castrismo cuando éste abandonó su plataforma democrática y dio inicio a una etapa de represión en su marcha forzada hacia  una dictadura comunista.  En septiembre de 1961, 136 sacerdotes fueron expulsados de Cuba, otros terminaron en prisión. La juventud católica se opuso activamente y muchos jóvenes murieron fusilados gritando ¡Viva Cuba libre! ¡Viva Cristo Rey!  Después de aquellos tiempos heroicos de un cristianismo  comprometido con el respeto a los derechos humanos y la libertad, la jerarquía de la Iglesia llegó a un acomodo con el régimen en que las palabras “oposición y cambio” se consideraban anatema.  Los tiempos parecen haber cambiado y muy recientemente la Iglesia tomó otro cauce.

 

Hace diez meses, en octubre de 2020, el laico cubano, Leonardo Benito Parma, hizo pública una carta dirigida a los obispos católicos de Cuba en que les recomendaba que:

 

“Es el tiempo de abandonar las negociaciones privadas con el gobierno y salir a dar la cara públicamente en respaldo de los que sí han tenido el valor de condenar la miseria humana con que vivimos en Cuba.  Una carta de nuestros obispos cada diez años no respalda a un pueblo que necesita apoyo y acompañamiento ahora más que nunca”… “Para los muchos de los laicos cubanos hoy es una Iglesia de silencios, que le teme a la palabra oposición y cambio”…”El pueblo cubano en medio de la crisis política y económica que atraviesa está buscando apoyo y respaldo también en la Iglesia y hasta el día de hoy solo se ha escuchado un silencio fundado en el temor de retroceder lo que hemos “avanzado”.

 

No obstante el empuje laico y la creciente desesperación de la población en junio de 2021, hace un mes, la Iglesia Católica cubana ordenó al padre Fernando Gálvez no hacer apariciones públicas ni escribir sobre la realidad cubana y además le prohibió hacer cualquier alusión política en sus misas.  Gálvez tiene 32 años y es el sacerdote de la Iglesia de San José de Lugareño, en el municipio Minas, provincia Camagüey.  En pasado 6 de abril, tres meses antes de las protestas del 11 de julio, el padre Alberto Reyes, párroco de Esmeralda en Camagüey escribió: “Hago saber que a partir de este mes las “Crónicas del Noroeste ya no podrán ser publicadas”.  Las crónicas de Reyes son denuncias públicas y frontales de la realidad cubana y de los abusos de la tiranía, escritas con una sinceridad y una fuerza literaria excepcional.

 

 

La página Cuba, Democracia y Vida informó que: “El padre Jorge Luis Pérez Soto circuló en octubre una encendida homilía en la cual se habla de libertad religiosa y donde Pérez llama “tirano” a quien no dimite por el bien de su pueblo.  La misma página indica que Jason I. Roblete, presidente de la organización Alianza por la Libertad Global, declaró que esas censuras obedecieron a amenazas recibidas por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba firmadas por Caridad Diego Bello, quien dirige la Oficina de Asuntos Religiosos, fundada en 1985 y adscrita al Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Roblete  solicitó al gobierno de los Estados Unidos que emitiera sanciones contra esa entidad del gobierno encargada de someter políticamente a todas las iglesias en Cuba.

 

El cambio en la política de la Iglesia Católica representa un peligro a un régimen visiblemente asustado ante una población que ha tenido la osadía de lanzarse a las calles coreando “Sí se puede…no tenemos miedo”. “Patria y vida”.  “Libertad…libertad”.  Porque, aunque seis décadas de totalitarismo por parte del estado y de silencio por parte de la Iglesia han decimado las filas de los católicos en Cuba, su actual rebeldía contra el régimen representa un importante apoyo político, moral y espiritual para la población, como señaló en su momento el laico Leonardo Benito Parma. Hecho también probado por la inmensa popularidad que alcanzó en muy poco tiempo el padre Alberto Reyes con sus Crónicas del Noroeste y el padre Fernando Gálvez con sus valientes prédicas. Además, los mil trecientos millones de católicos del mundo cuentan.

 

Es probable que la tiranía ante el peligro de la presión internacional y sus posibles consecuencias y con el fin de evitar otra explosión popular quiera acercase a la Iglesia para utilizarla como una negociadora amable que le permita hacer algunas concesiones y promesas que no cumpliría, con el fin de mantenerse en el poder.  Esperamos que el patriotismo y la lección aprendida por la Iglesia Católica no la lleven a tal circunstancia.  Los cubanos queremos una Iglesia Católica como las valientes y patriótica iglesias de Nicaragua y Venezuela.

 

Fuente: Huber Matos Araluce, Patria Pueblo y Libertad

 

 

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