
Durante años, muchos cubanos han escuchado hablar de Sherritt principalmente por el níquel y las minas de Moa. Sin embargo, la verdadera importancia estratégica de la empresa canadiense para Cuba probablemente no está en el níquel, sino en la electricidad.
A través de Energas S.A., una empresa mixta entre Sherritt y el Estado cubano, la compañía opera algunas de las plantas eléctricas más modernas y eficientes de la isla. Sus instalaciones en Boca de Jaruco, Puerto Escondido y Varadero generan aproximadamente 506 megavatios de electricidad, cerca del 10 % de toda la capacidad eléctrica nacional de Cuba.
Eso convierte a Sherritt en uno de los pilares fundamentales del ya extremadamente deteriorado Sistema Electroenergético Nacional.
La importancia de estas plantas va mucho más allá del número de megavatios. Mientras gran parte de las termoeléctricas cubanas funcionan con tecnología soviética envejecida, averías constantes y enormes pérdidas de eficiencia, Energas utiliza gas natural asociado al petróleo cubano y tecnología de ciclo combinado mucho más moderna. Esto permite generar electricidad de manera más estable, rápida y económica.
En otras palabras: mientras muchas termoeléctricas cubanas apenas sobreviven, las plantas vinculadas a Sherritt son de las pocas capaces de ayudar a estabilizar el sistema.
Eso quedó demostrado durante los recientes colapsos energéticos nacionales. En varios apagones masivos sufridos por Cuba entre 2024 y 2026, especialmente durante el gran colapso del sistema en marzo de 2025, las plantas de Boca de Jaruco y Varadero jugaron un papel clave para restaurar parcialmente la electricidad en el occidente del país.
Sin esas instalaciones, la recuperación del sistema habría sido todavía más lenta y caótica.
Pero la situación ahora cambia dramáticamente.
La reciente decisión de Sherritt de suspender parte de sus operaciones en Cuba y evacuar personal extranjero ocurre en el peor momento posible para La Habana. El régimen enfrenta:
escasez extrema de combustible,
termoeléctricas al borde del colapso,
apagones diarios de más de 20 horas,
falta de piezas de repuesto,
y enormes dificultades financieras.
Además, Cuba mantiene una deuda superior a 340 millones de dólares con Sherritt, mientras las nuevas sanciones impulsadas por la Administración Trump aumentan los riesgos para cualquier empresa extranjera que continúe operando en la isla.
Si la situación empeora y Energas reduce operaciones o pierde capacidad técnica, el impacto sería devastador:
más apagones,
menor estabilidad de la red eléctrica,
caída adicional de la producción industrial,
interrupciones de comunicaciones,
y mayor deterioro de la vida cotidiana de millones de cubanos.
Hay además otro detalle poco mencionado: Energas no solo produce electricidad. También procesa gas natural utilizado para gas doméstico y otros derivados energéticos esenciales para parte de La Habana y otras regiones.
Por eso, la crisis alrededor de Sherritt no es simplemente una noticia empresarial.
Es una señal de alarma sobre la fragilidad extrema del sistema energético cubano.
Durante décadas, el régimen dependió de subsidios soviéticos, luego venezolanos y finalmente de socios extranjeros como Sherritt para sostener parcialmente su infraestructura. Hoy, con Venezuela debilitada, Rusia limitada por la guerra y las sanciones estadounidenses aumentando la presión, incluso esos últimos apoyos comienzan a tambalearse.
Y cuando una empresa extranjera tan importante empieza a retirarse de Cuba, la pregunta ya no es si el sistema eléctrico seguirá empeorando.
La verdadera pregunta es cuánto tiempo más podrá seguir funcionando.


Deja tu comentario