
Por Noticuba Internacional
Durante años, el régimen castrista presentó el llamado Bloque 9 de exploración petrolera, ubicado en Matanzas, como una de las grandes esperanzas para aliviar la crisis energética de la isla. En medio de apagones constantes, escasez de combustible y deterioro del sistema eléctrico, el hallazgo de petróleo ligero anunciado por la empresa australiana Melbana Energy fue promovido oficialmente como el inicio de una posible recuperación energética nacional. El proyecto involucró además a la petrolera estatal cubana CUPET, a la empresa estatal angoleña Sonangol y posteriormente apareció vinculado el nombre de MAY Energía España SL, registrada en Madrid.
Sin embargo, el proyecto ha comenzado a generar interés por razones mucho más sensibles que el propio petróleo. Documentos mercantiles españoles vinculan a Héctor Castro Santana —nieto de Ramón Castro y descendiente directo de la familia de Fidel y Raúl Castro— con MAY Energía España SL, empresa creada para manejar operaciones relacionadas con el Bloque 9. La aparición pública de un miembro de la familia Castro dentro de una estructura empresarial asociada al negocio petrolero cubano introduce un elemento políticamente delicado para un sistema que durante décadas sostuvo una narrativa basada en la supuesta separación entre revolución, poder familiar e intereses económicos privados.
Aunque no existen pruebas públicas de ilegalidades o enriquecimiento ilícito, el caso encaja en patrones ampliamente observados en sistemas autoritarios y economías altamente centralizadas: uso de redes familiares, operadores privados y empresas registradas en el extranjero para administrar sectores estratégicos lejos de la estructura estatal tradicional. España vuelve a aparecer como plataforma empresarial y financiera vinculada al entorno del poder cubano.
En este contexto resulta imposible ignorar el papel de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.). Durante años, la prensa internacional lo definió como un “conglomerado militar”, pero esa descripción puede resultar engañosa. Más que una empresa militar tradicional, GAESA opera como una estructura económica reservada, manejada por un pequeño círculo subordinado directamente al Castro que ejerce el poder en cada etapa. Primero bajo Fidel Castro y posteriormente bajo Raúl Castro, GAESA concentró el control de sectores estratégicos como turismo, comercio en divisas, puertos, importaciones, finanzas e inversiones extranjeras. Su funcionamiento ha estado marcado por una extraordinaria opacidad, sin mecanismos públicos reales de supervisión por parte del Partido Comunista ni de la Contraloría General de la República. Parte de su estructura corporativa y financiera también ha estado vinculada a registros empresariales en Panamá y otras jurisdicciones utilizadas para operaciones internacionales.
El proyecto del Bloque 9 refleja además una práctica recurrente del castrismo: lanzar anuncios triunfalistas en medio de profundas crisis nacionales. Durante décadas, el régimen presentó distintos sectores —el azúcar, el níquel, el turismo, la biotecnología, el puerto del Mariel o las inversiones rusas y chinas— como supuestas soluciones capaces de transformar la economía cubana. En ese contexto, las declaraciones oficiales sobre el Bloque 9 fueron presentadas más como el inicio de una nueva era energética que como una evaluación realista de las limitadas capacidades productivas del proyecto. Sin embargo, las expectativas políticas terminaron nuevamente chocando con la realidad estructural de la economía cubana: corrupción, burocracia, falta de capital, baja productividad e incapacidad administrativa.
Aunque el descubrimiento de petróleo ligero tuvo importancia técnica, las cifras reales siguen siendo insuficientes para transformar la situación energética del país. Cuba consume alrededor de 100.000 barriles diarios y la producción vinculada al Bloque 9 continúa siendo limitada. Mientras millones de cubanos enfrentan apagones, escasez y deterioro económico, comienzan a surgir estructuras empresariales internacionales vinculadas al núcleo histórico del poder. Más que representar un “milagro petrolero”, el Bloque 9 parece seguir el patrón gradual del castrismo hacia un modelo donde se entrelazan poder político, redes familiares y negocios internacionales.


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